2018-12-20
Acabar con el estancamiento de los derechos humanos adoptando objetivos de desarrollo sostenible
News
Ted Piccone
Muchos miembros de Forus desean saber cómo pueden promover los derechos humanos, y animar de paso a sus gobiernos a que lo hagan también, mediante la aplicación de los ODS. En el siguiente artículo se explica que los ODS pueden ser una estrategia muy práctica a la hora de promover un enfoque basado en los derechos humanos (Human Rights Based Approach, HRBA)
En el siguiente enlace del Instituto Danés de Derechos Humanos se analiza cada uno de los ODS y la relación que tiene cada objetivo con las convenciones y tratados internacionales sobre derechos humanos. Esperamos que tanto el artículo como el enlace les resulten útiles a los miembros de Forus. ¡Escríbanos para comentarnos cómo le han ayudado a la hora de supervisar y aplicar los ODS!
Los riesgos de una divergencia global cada vez mayor en los derechos humanos, con el auge de poderes autoritarios, podrían evitarse adoptando un consenso global de desarrollo basado en derechos en relación con los ODS.
En conjunto, la agenda internacional para los derechos humanos está en graves apuros. Desde un punto de vista geopolítico, Estados Unidos se ha alejado aún más de su posición de liderazgo en el orden liberal internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, lo que ha promovido una gran carrera por la influencia a nivel regional y global con China y Rusia en cabeza. Los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU y la Agenda 2030, que constituyen un consenso poco usual en favor de un desarrollo basado en derechos, ofrecen una salida a esta complicada situación.
China se muestra cada vez más asertiva a la hora de menoscabar las normas sobre derechos humanos universales en las Naciones Unidas. Por ejemplo, se ha puesto manos a la obra para defender el siempre polémico derecho al desarrollo y para introducir conceptos como «cooperación con beneficio mutuo» con el fin de menoscabar un análisis específico de cada país.
Rusia está haciendo el papel de alborotador en foros tradicionales como el Consejo de Seguridad de la ONU, donde continúa vetando acuerdos sobre Siria y el uso que hace este país de armas químicas prohibidas, así como el uso que hace de la guerra cibernética y campañas de propaganda.
Por su parte, las potencias democráticas de nivel medio no consiguen o no quieren elaborar una estrategia efectiva y coordinada propia para mantener el orden internacional.
Ante estas divergencias cada vez mayores a nivel global, los objetivos de desarrollo sostenible y la Agenda 2030 suponen un rayo de esperanza. La Agenda 2030 goza de una gran aceptación por parte de todos los estados, tanto del norte como del sur. En lugar de apoyar proyectos de desarrollo tradicionales dirigidos por el estado, prioriza el desarrollo humano integrando principios de igualdad de género (objetivo 5), no discriminación, acceso a la justicia e instituciones responsables (objetivo 16), así como objetivos para erradicar el hambre y garantizar el acceso universal a agua potable y saneamiento. Con el lema de «no dejar a nadie atrás», pretende reducir la distancia tradicional entre las demandas sociales y económicas del hemisferio sur, y las prioridades sobre derechos políticas y civiles de las democracias asentadas.
Estas sinergias conceptuales serán importantes para derribar los antiguos silos que han mermado la capacidad de la comunidad internacional para cambiar las cosas sobre el terreno. Ahora que crece el clamor público por la lucha contra la corrupción, que menoscaba directamente la prestación de servicios públicos básicos como la educación y la sanidad, es posible que entremos en un círculo virtuoso donde la política del desarrollo sostenible, el estado de derecho y los derechos humanos se refuercen entre sí de nuevas maneras y con nuevos recursos.
Pese a que los OSD constituyen un punto de partida muy positivo para integrar las misiones de desarrollo y derechos humanos de las Naciones Unidas, siguen siendo una declaración de intenciones con recursos insuficientes para la aplicación, y además son mecanismos débiles para el seguimiento y la supervisión de los progresos. Asimismo, debido a las objeciones políticas tanto de oriente como de occidente (pero por motivos distintos), aún no se ha adoptado una estrategia basada en derechos para el desarrollo. Muchos gobiernos siguen evitando hablar del acceso a una sanidad adecuada, agua, comida y hogar como derechos humanos fundamentales, a pesar de las obligaciones adquiridas en los tratados en ese sentido.
La Agenda 2030, sin embargo, sí que destaca la importancia de abordar cuestiones políticas como la participación ciudadana, la transparencia y la responsabilidad para alcanzar mejores resultados en cuanto a desarrollo. De hecho, la mayoría de las agencias de ayuda al desarrollo empezaron hace muchos años a adoptar estrategias para la promoción de instituciones transparentes y responsables y sociedades civiles firmes. Hasta el Banco Mundial ha dedicado su informe anual de 2017 a cuestiones como la reforma de la dinámica de poder político, la gobernanza y el estado de derecho, pese a las objeciones de China respecto al uso de la palabra «democracia». Esta conexión ha sido aprobada recientemente por los ODS a nivel global.
Para aprovechar esta oportunidad, las comunidades para el desarrollo y los derechos humanos están derribando lentamente sus silos para buscar sinergias que mejoren las prioridades de ambos. Los ODS, por ejemplo, ofrecen a los grupos antipobreza y en favor de las mujeres de las sociedades más represivas, como Egipto, un punto de apoyo importante para el activismo con el que no suelen contar los grupos que luchan por los derechos políticos y civiles. Asimismo, abren un nuevo camino para abordar los derechos sociales y económicos en economías avanzadas como la de Estados Unidos, como ha podido observar el reportero especial de la ONU sobre la extrema pobreza. Además, el sistema de derechos humanos internacionales y las instituciones de derechos humanos nacionales pueden emplear mecanismos como los órganos de tratados y el examen periódico universal para fortalecer el débil mecanismo de información de los ODS.
Lamentablemente, las economías avanzadas del hemisferio norte se han demorado a la hora de adoptar planes de acción nacional para aplicar los ODS y escuchar las demandas de incremento sustancial de los recursos para ayudar a otros países a cumplir con los objetivos. Esto ha sido un gran error. A medida que China y otros países no democráticos sigan mejorando las condiciones de vida de sus habitantes, tendrán aún más influencia para proyectar sus modelos de gobernanza autoritaria hacia los países del hemisferio sur.
Los beneficiarios de la generosidad de China descubrirán con el tiempo que esta ganga no lo es tanto cuando el país asiático empiece a demandar un mayor retorno (diplomático y económico) de sus inversiones, y continúe negando el acceso recíproco a su propio mercado doméstico. Para contrarrestar esta estrategia de China, la comunidad de democracias debería acordar rápidamente un consenso norte-sur que favorezca los ODS mediante la redirección y el incremento de los recursos y las iniciativas diplomáticas públicas para ayudar a los estados a cumplir los objetivos.
La estrategia estadounidense respecto al desarrollo sostenible y, por extensión, respecto a la ayuda al desarrollo, se ve lastrada por la moda actual de los conceptos de suma cero de soberanía. La amenaza de Trump de recortar las ayudas al desarrollo para los estados que no cumplan las demandas de Estados Unidos, como el reconocimiento de la capitalidad de Jerusalén, es, cuando menos, contraproducente. Sí, hay que reconocer que los autores de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos más reciente han hecho un trabajo admirable con conceptos generales de gobernanza responsable, desarrollo inclusivo y dignidad humana en el documento definitivo. No obstante, si buscamos una estrategia relacionada con el término «desarrollo sostenible» no encontramos nada.
En resumen, la creciente competencia por el liderazgo internacional en las próximas décadas dependerá en gran medida de encontrar el mejor sistema económico y político para ofrecer un desarrollo sostenible de los derechos humanos para sus ciudadanos. El occidente próspero y democrático ha liderado esta batalla en las siete últimas décadas. Ahora ha llegado China, con resultados de desarrollo más que convincentes a nivel doméstico pese a su sistema monopartidista, y con los bolsillos llenos para difundir su modelo hacia el mundo en vías de desarrollo. Los Estados Unidos y sus socios deberían adoptar sin reservas los ODS en todas sus dimensiones como una estrategia para el desarrollo holística y beneficiosa para todos.
Ted Piccone es investigador principal y presidente de Charles W. Robinson, y responsable del programa de Política exterior de la Institución Brookings. Ha escrito numerosas publicaciones sobre las dimensiones en cuanto a política exterior de los derechos humanos y la democracia. Es el autor de publicaciones como “Five Rising Democracies and the Fate of the International Liberal Order”, y “Catalysts for Change: How the UN’s Independent Experts Promote Human Rights”.
A continuación, puede consultar el análisis del Instituto Danes de Derechos Humanos, donde se detallan los tratados y convenciones sobre derechos humanos internacionales que se corresponden con cada uno de los objetivos de desarrollo sostenible.
https://www.humanrights.dk/news/new-guide-links-sustainable-development-goals-human-rights
Otro recurso muy útil del Instituto es una publicación sobre la supervisión a la hora de aplicar los derechos humanos a través de los ODS https://www.humanrights.dk/sites/humanrights.dk/files/media/dokumenter/sdg/folders/sdg-folder_02.4digital.pdf