© Sanjog Manandhar
2025-12-08
La sociedad civil bajo presión, pero unida: una mirada comparativa a los entornos propicios en África, América Latina y Europa
En toda África y América Latina, la sociedad civil se enfrenta a un panorama en rápida evolución. Desde entornos cada vez menos propicios y leyes restrictivas para las ONG hasta el aumento de la vigilancia digital, la restricción y reducción de la financiación, las narrativas polarizadas y las nuevas barreras a la participación, el entorno propicio se encuentra bajo presión. Sin embargo, en todas las regiones, las redes de la sociedad civil se están organizando, conectando y configurando las agendas políticas de formas innovadoras.
Forus, junto con sus socios del Sistema de la UE para un Entorno Propicio para la Sociedad Civil (EU SEE), el grupo de trabajo de la sociedad civil CELAC-UE y la Plataforma de la Sociedad Civil África-Europa (CSEP), está contribuyendo a convertir este momento de retroceso democrático en una oportunidad para la defensa colectiva, la solidaridad interregional y el diálogo basado en datos empíricos. Los datos del EU SEE, que recopilan informes de alerta temprana verificados de 86 países, proporcionan una base común para comprender cómo están evolucionando estas tendencias y cómo está respondiendo la sociedad civil.
Este artículo comparativo explora lo que revelan estas tendencias regionales, por qué son importantes para la cooperación mundial y cómo Forus contribuye a reforzar la resiliencia cívica en todos los continentes.
El entorno propicio se está endureciendo
África: un sistema bajo presión
Los datos de EU SEE de 29 países africanos muestran una región en la que se están poniendo a prueba las libertades fundamentales:
- Las protestas pacíficas se enfrentan a intimidaciones, uso excesivo de la fuerza, detenciones y, en algunos países, cortes de Internet, como se ha visto en Kenia, donde las manifestaciones contra el proyecto de ley de finanzas desencadenaron violencia, bloqueos de los medios de comunicación y ataques contra actores cívicos.
- Las leyes de asociación nuevas o revisadas se reescriben sin consulta, como en Benín, donde se presentó un proyecto de ley sobre las OSC a puerta cerrada, y en Botsuana, donde la renovación anual del registro electrónico conlleva el riesgo de una baja masiva.
- Los periodos políticamente sensibles intensifican la represión: en Burundi, las elecciones han ido acompañadas de detenciones arbitrarias y exilio forzoso de defensores de los derechos humanos y periodistas; en Zimbabue, se han interrumpido las reuniones de los organismos de control y se ha suspendido a los activistas estudiantiles.
- Las cargas que supone el cumplimiento de la normativa y los recortes repentinos de la financiación redefinen quién sobrevive, lo que afecta especialmente a los grupos de base y los grupos basados en los derechos.
- Las narrativas públicas pintan cada vez más a las OSC independientes como «agentes extranjeros», como en contextos como Chad, Botsuana y Zimbabue, lo que alimenta la desconfianza y reduce la legitimidad.
- La represión digital —vigilancia, leyes contra los delitos informáticos, bloqueo de sitios web— restringe la organización en línea.
- Existen espacios de participación, pero a menudo siguen siendo simbólicos, con una influencia limitada en las decisiones finales.
Estas limitaciones son más agudas en torno a las elecciones, las reformas constitucionales y el activismo contra la corrupción.
Pero existen oportunidades: leyes de acceso a la información, compromisos de las Alianzas para el Gobierno Abierto, cartas de paz que reconocen a las OSC y sentencias judiciales que rechazan la extralimitación del poder ejecutivo.
América Latina y el Caribe: retroceso democrático y nuevas coaliciones sociales
América Latina se enfrenta a presiones similares, aunque con una estructura diferente:
- Leyes restrictivas para las ONG (reforma de la APCI en Perú; «Ley Garrote» en Paraguay; Ley de ONGD en Honduras; prácticas reguladoras opacas en Ecuador; Ley de Agentes Extranjeros en El Salvador; Ley de supervisión de ONG en Venezuela).
- Criminalización de defensores, periodistas y manifestantes, desde advertencias preventivas contra líderes medioambientales en Perú hasta ataques a periodistas durante las protestas en Bolivia y respuestas severas a las manifestaciones en Panamá.
- Una creciente crisis de financiación para los actores de base, intensificada por los recortes de la ayuda estadounidense en toda la región y los controles burocráticos más estrictos.
- Acoso digital, desinformación y explotación de datos.
- Narrativas públicas polarizadas que retratan a la sociedad civil como partidista o influenciada por fuerzas extranjeras.
Paraguay ejemplifica esta tendencia: una nueva ley sobre ONG («Ley Garrote/Anti ONG») restringe los derechos de asociación y amplía el control estatal, mientras que los actores políticos atacan públicamente a las OSC críticas. Sin embargo, las encuestas de confianza pública muestran que las ONG siguen estando entre las instituciones más fiables, por encima del poder legislativo o judicial.
No todo es declive. Los tribunales de Panamá defendieron la libertad de prensa; los tribunales de Panamá defendieron la libertad de prensa; Chile impulsó una ley de reformas estructurales sobre asociación y reforzó su marco de derechos digitales; y la reciente aplicación del Acuerdo de Escazú por parte de Bolivia sentó un precedente prometedor para la protección de los defensores del medio ambiente, lo que nos recuerda que la resiliencia cívica sigue determinando los resultados políticos.
Europa: un socio que navega por las tensiones internas y externas
Aunque los Estados europeos suelen ofrecer una mayor protección, la región no es inmune a:
- SLAPPS y litigios contra ONG y periodistas, como en Georgia o Hungría.
- Debates sobre la vigilancia digital
- Narrativas de extrema derecha dirigidas contra los actores cívicos, ilustradas por la ampliación de los poderes de ciberseguridad y acceso a los datos en algunas partes de Europa Central y Oriental, y la creciente preocupación por la proporcionalidad de dichos marcos.
- Narrativas de extrema derecha dirigidas contra los actores cívicos.
- Presiones financieras para las organizaciones de control, a medida que cambian los modelos de financiación pública en países como Polonia y la República Checa, lo que hace más precario el escrutinio independiente.
La sociedad civil europea reconoce cada vez más la importancia de la responsabilidad compartida para crear un entorno propicio, tanto en Europa como en las regiones asociadas.
Un vocabulario común: «entorno propicio» como nuevo punto de referencia mundial
Una idea clave que se desprende de los datos del EU SEE es la necesidad de pasar de hablar del «espacio cívico» a abordar el «entorno propicio» en un sentido más amplio.
La sociedad civil no solo necesita estar libre de represión, sino que también necesita:
- Leyes justas y transparentes
- Acceso estable a los recursos
- Entornos digitales seguros
- Discursos públicos constructivos
- Mecanismos de participación eficaces
- Una formulación de políticas predictiva e inclusiva
Este enfoque holístico refleja los seis principios utilizados en los informes de la UE SEE y constituye el núcleo del trabajo de Forus a nivel mundial.
Cómo Forus tiende puentes entre regiones: evidencia, solidaridad y defensa colectiva
A través del proyecto UE SEE
Forus, junto con otras cinco organizaciones, desempeña un papel central en la generación, validación y comunicación de alertas tempranas sobre datos del espacio cívico. El proyecto EU SEE ha demostrado que la solidaridad es una forma de cooperación al desarrollo:
- Las OSC dan la voz de alarma
- Los socios pertinentes plantean estas preocupaciones en los diálogos políticos
- La defensa conjunta fomenta la rendición de cuentas
- Las pruebas informan las agendas de la UA-UE y la UE-ALC
Cuando surgen leyes restrictivas o se congelan los fondos en una región, los socios de otra movilizan el apoyo y plantean estas preocupaciones en las conversaciones diplomáticas, lo que demuestra cómo la protección compartida fortalece la cooperación.
A través del Grupo de Trabajo de la Sociedad Civil CELAC-UE (ALC-Europa)
En todas las regiones, la sociedad civil sigue enfrentándose a una reducción de su espacio, pero está resurgiendo gracias a una renovada coordinación y solidaridad. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en América Latina y Europa, donde Forus desempeñó un papel fundamental en la movilización y unión de las organizaciones antes de la Cumbre UE-ALC. En estrecha colaboración con los miembros del Grupo Directivo del Foro de la Sociedad Civil LAC-UE, Forus ayudó a dirigir la redacción y consolidación de la posición de la sociedad civil, reuniendo finalmente a 190 organizaciones que respaldaron la declaración conjunta antes de la Cumbre oficial. Este esfuerzo colectivo no solo reforzó la visibilidad y la influencia de la sociedad civil en la asociación UE-LAC, sino que también demostró lo que se puede lograr cuando diversas redes se coordinan estratégicamente a través de las fronteras. Demostró cómo las alianzas regionales, cuando cuentan con el apoyo de plataformas globales como Forus, pueden amplificar las prioridades comunes, defender el espacio cívico y presentar demandas unificadas y coherentes a los responsables políticos en momentos de tensión política y retroceso democrático.
Del diagnóstico regional a las agendas cívicas birregionales
Más allá de los riesgos comunes, 2025 también marcó la consolidación de las agendas birregionales de la sociedad civil, que traducen las preocupaciones sobre el entorno propicio en demandas políticas concretas.
En el Foro de la Sociedad Civil y la Juventud de la UA y la UE, las OSC y las organizaciones juveniles africanas y europeas formularon recomendaciones en materia de paz, prosperidad, personas y multilateralismo, haciendo especial hincapié en la gobernanza inclusiva, la toma de decisiones basada en datos empíricos, la participación cívica institucionalizada, la financiación predecible y accesible (incluida la destinada a los actores de base y liderados por jóvenes) y la protección de las libertades cívicas tanto fuera de línea como en línea. La declaración también destaca explícitamente la gobernanza digital, la ciberseguridad y el uso responsable de la tecnología como parte de la resiliencia democrática.
Paralelamente, la Declaración de la Cumbre Paralela de la Sociedad Civil de la UA y la UE reforzó una crítica estructural de la asociación y pidió un cambio hacia la justicia, la inclusión y una participación democrática significativa. Hizo hincapié en la protección del espacio cívico y los medios de comunicación independientes, el fortalecimiento de la gobernanza local, la garantía de una gobernanza transparente y dirigida por la comunidad de los recursos naturales, y el avance de una agenda cívica conjunta africano-europea antes de los importantes procesos de 2026.
De manera similar, la Declaración del Foro de la Sociedad Civil ALC-UE, adoptada en Santa Marta, esboza una visión basada en los derechos para la asociación birregional, anclada en una participación significativa, inclusiva e intergeneracional. Pide que se refuercen los entornos propicios para los defensores y los periodistas, las salvaguardias en el comercio y la inversión, la financiación directa y flexible para las OSC locales, la justicia climática y los derechos territoriales, y una mayor rendición de cuentas en torno a Global Gateway y otras iniciativas relacionadas. La declaración también destaca el Pacto Birregional de Cuidado como piedra angular para la igualdad de género sustantiva y subraya que la transición digital debe basarse en la gobernanza democrática, la inclusión y los derechos.
Una dirección compartida en África, América Latina y el Caribe y Europa
Leídas en conjunto, estas dos declaraciones birregionales muestran una agenda cívica convergente en todas las regiones: participación con influencia real, protección de las libertades fundamentales, marcos jurídicos y de financiación justos, gobernanza digital basada en los derechos y modelos de inversión responsables que sitúan a las comunidades en el centro. Esta alineación refuerza el valor de pasar de una perspectiva estrecha del «espacio cívico» a un marco más amplio de entornos propicios que pueda ponerse en práctica en la cooperación birregional.
Cómo puede Forus ayudar a impulsar estas agendas
El valor añadido de Forus radica precisamente en ayudar a que estas agendas impulsadas por sus miembros trasciendan las regiones y se incorporen a los procesos políticos, conectando la evidencia de alerta temprana con la incidencia conjunta, apoyando la coordinación narrativa interregional y ayudando a garantizar que los compromisos entre la UA y la UE y entre ALC y la UE se traduzcan en normas de aplicación, recursos predecibles y un seguimiento significativo.
Oportunidades para la acción conjunta en 2026
Partiendo de las prioridades articuladas en ambas declaraciones, 2026 ofrece un gran potencial para la defensa conjunta de:
- Normas mínimas para una participación pública significativa en la cooperación birregional.
- Salvaguardias para las libertades civiles y los medios de comunicación independientes, incluida la protección de los defensores y los periodistas.
- Modelos de financiación predecibles, flexibles y directos que lleguen a las organizaciones de base y dirigidas por jóvenes.
- Gobernanza digital basada en los derechos que limite la vigilancia y contrarreste el acoso y la desinformación en línea.
- Cláusulas vinculantes en materia de derechos humanos, medio ambiente y participación en los principales marcos de inversión y comercio.
En resumen: las tendencias regionales apuntan a un aumento de los riesgos, pero los foros de la sociedad civil birregionales demuestran que los actores cívicos también están elaborando una hoja de ruta política común para la resiliencia, la rendición de cuentas y la renovación democrática.
Una teoría del cambio compartida entre regiones
En África, Asia, América del Norte, Europa y América Latina, Forus promueve los mismos pilares:
- Protección: defender las libertades cívicas y los derechos digitales
- Participación: hacer que las consultas sean significativas, no simbólicas
- Sostenibilidad: garantizar una financiación predecible y flexible
- Narrativas: contrarrestar la deslegitimación mediante mensajes colectivos
- Datos: transformar las alertas en incidencia política y repercusión normativa
- Solidaridad: vincular las luchas nacionales con las agendas regionales y globales
Este modelo integrado posiciona a Forus como un conector entre regiones que se enfrentan a diferentes retos pero que comparten la misma aspiración: un entorno propicio en el que la sociedad civil pueda configurar un desarrollo más justo y sostenible.
Oportunidades para la acción conjunta en 2026
Según un análisis interregional, al menos cinco áreas ofrecen un gran potencial:
- Normas comunes para la participación y la consulta públicas
- Promoción conjunta de los derechos digitales y las garantías de vigilancia
- Modelos de financiación flexibles y equitativos para las organizaciones de base
- Alianzas narrativas para desafiar los discursos deslegitimadores y defender el entorno propicio
Forus se encuentra en una posición única para reunir a actores de todas las regiones, traducir la evidencia local en promoción estratégica y ayudar a configurar una agenda global de entornos propicios basada en la experiencia vivida.
Conclusión: la sociedad civil no es un actor secundario, es un pilar de la democracia
En África, América Latina y Europa, la sociedad civil se enfrenta a una presión sin precedentes, pero también está demostrando una resiliencia, una creatividad y una solidaridad sin precedentes. En un momento en el que la erosión democrática parece abrumadora, el trabajo de Forus demuestra que la sociedad civil sigue configurando las agendas globales, no desde los márgenes, sino desde el centro.