How can civil society honour the loss from the COVID-19 crisis and shape a better future? | Forus

2020-06-17

¿Cómo puede la sociedad civil compensar la pérdida causada por la crisis COVID-19 y forjar un futuro mejor?

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Líderes de redes y plataformas de la sociedad civil compartieron sus observaciones y reflexiones, identificando las posibilidades para enfrentar la pandemia de COVID-19 en una serie de artículos titulada El futuro de la sociedad civil, facilitada por  ICVA  (International Council of Voluntary Agencies).  Puede leer la serie completa de artículos aquí 🔗 https://bit.ly/3dzm26M
Por Stephanie Draper, Directora ejecutiva de Bond , miembro de Forus en el Reino Unido.

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto grietas significativas del sistema mundial. Ha mostrado de manera considerable la desigualdad en y entre países, y ha puesto a prueba de manera severa nuestra resiliencia como individuos, naciones y como una comunidad internacional. Una vez que la pandemia haya sido controlada, no regresaremos tan fácilmente a los negocios como de costumbre. La sociedad civil no será la misma.

En este momento, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) están desempeñando un papel fundamental al apoyar a los más vulnerables, y al responsabilizar a los Gobiernos por limitar las libertades civiles para controlar el virus. Sin embargo, también tenemos que mirar más allá de los múltiples riesgos que presenta claramente el COVID-19 y ayudar a dar forma a lo que pueda surgir.

La Real Academia de las Artes y Ciencias (RSA) describe tres elementos que consolidan el cambio después de una crisis importante: una razón para el cambio existente antes de la crisis; la crisis refuerza la necesidad del cambio; y alianzas políticas e innovaciones prácticas que pueden entrar en acción a medida que la crisis disminuye.

Se necesita comprender dónde están presentes estos tres elementos para ayudar a la sociedad civil a desempeñar su rol en la consolidación de los cambios necesarios. Me atrevería a señalar que existen al menos cuatro:

El imperativo del poder local

Ya existe una necesidad enorme de cambiar el poder de las organizaciones internacionales no gubernamentales (INGO, por sus siglas en inglés) a las organizaciones en el hemisferio sur. No solo es correcto que la población local tome decisiones acerca de su propio futuro, sino que también resulta más eficaz a la hora de lograr resultados sostenibles. Las acciones de la comunidad y las innovaciones locales fueron cruciales a la hora de responder al brote de la gripe aviar y el ébola en África Occidental.

La crisis ha potenciado esto, es decir, las organizaciones de la sociedad civil integradas en las comunidades locales tienen acceso directo a los grupos más vulnerables, y las autoridades y comunidades locales confían en ellas. Estas organizaciones pueden ayudar a aquellos quienes lo necesiten con mayor rapidez y efectividad.

Las organizaciones populares luchan por tener acceso financiero al sistema de las Naciones Unidas y por cubrir los costos básicos de funcionamiento. En el momento en que estas organizaciones son más requeridas, existe un riesgo de que estén limitadas por una falta de fondos y restricciones gubernamentales.

Asi pues, en adelante, se requieren alianzas políticas e innovaciones financieras más sólidas. Las organizaciones internacionales no gubernamentales, las cuales son medios de financiación, pueden abogar por más mecanismos democráticos de ayuda que faciliten el financiamiento local, y mostrar solidaridad cuando se abuse de las libertades civiles. Dicho cambio tiene que ocurrir de una manera colaborativa, que construya el poder local y consiga mejores resultados de desarrollo a largo plazo.

La necesidad de resiliencia global

Nuestra interconexión jamás ha sido tan evidente. Cualquier respuesta es tan buena como lo es sistema de salud más débil. Si queremos ser resilientes como comunidad global, entonces todos los países tienen que contar con acceso a los servicios básicos que sustentan la capacidad de las comunidades para responder a los choques inevitables que vendrán. De esto se trata la ayuda eficaz.

Esto significa invertir en atacar los orígenes de los problemas para reparar los sistemas dañados que conducen a la pobreza y a la desigualdad. La pandemia de COVID-19 le podría costar 1-2 billones de dólares a la economía global, aunque el Banco Mundial sugiere que la prevención de la transmisión de enfermedades zoonóticas es una pequeña fracción de esa cantidad.

El informe Stern indicó que el cambio climático costaría un 5 % del producto interno bruto; sin embargo, la prevención sería solo de un 1 %. La WWF estima que esa pérdida de la naturaleza costaría casi $10 billones, en comparación con los $0.23 billones que se podrían obtener invirtiendo para protegerla. Del mismo modo, la crisis aboga firmemente por la inversión en prevención, como en salud pública accesible, agua y desinfección, protección social y en el resto de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Una especial atención en este asunto ayudaría a construir un sistema global más resiliente y sostenible, en el que la gente pueda enfrentar futuras perturbaciones y prevenir una crisis como la que se ve en estos momentos. Eso es algo que tiene que ocurrir de manera internacional, con los países apoyándose unos a otros en los desafíos globales, como por ejemplo, con el cambio climático.

Readaptando el sistema económico

El virus le ha hecho más visible a los ciudadanos la creciente desigualdad mundial. Una encuesta de la Autoridad de Seguridad Social (RSA, por sus siglas en inglés) indicó que solo el 9 % de las personas en el Reino Unido quiere regresar a los negocios como de costumbre, y destaca los nuevos valores que podrían respaldar un sistema económico que nos sirva, en lugar de que nosotros y el planeta le sirvamos a este. Esta es una gran oportunidad para la sociedad civil, ya que el cambio económico respalda muchos de los resultados por los que luchamos.

La innovación está ahí. Amsterdam está empleando la economía circular (doughnut economics) para restaurar la ciudad luego de la pandemia, es decir, un movimiento táctico del crecimiento económico para equilibrar el bienestar del planeta y de las personas.

Tenemos la oportunidad de readaptar el sistema económico, si la sociedad civil construye las alianzas políticas necesarias (las cuales parecían faltar después de la crisis financiera de 2007) y se une con otros actores con el fin de abogar por la transformación.

Motivos para aprender y colaborar

La sociedad civil ha aportado enseñanzas y experiencias cruciales de crisis anteriores para adaptarse y actuar con agilidad frente al COVID-19. En el Reino Unido, los miembros de la red Bond y otros están colaborando efectivamente para lograr más en equipo. A su vez,

Bond está trabajando con otras redes nacionales e internacionales para compartir y aprender juntos con el objeto de promover la respuesta mundial.

Existen muchos riesgos que provienen de esta crisis. Si ponemos el aprendizaje y las nuevas alianzas en el centro de nuestras acciones en el futuro, saldremos más resilientes, creativos y causaremos un mayor impacto.

Cuando las condiciones en un sistema cambian al punto en que este no funciona, dicho sistema muere o se transforma. Si nosotros, como sociedad civil, somos conscientes sobre el sistema que queremos y trabajamos juntos para imaginarlo, entonces podríamos acercarnos a la transformación que necesitamos. En mi opinión, esto es una forma significativa de honrar el dolor, el sufrimiento y las muertes que ha traído el COVID-19 para forja