2020-11-24
Respuesta de Marruecos ante el COVID: iniciativas y ausencia de un enfoque participativo
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Foto: Both Nomads
Por Abdelhakim Chafiai, vicepresidente del Espace Associatif, miembro de Forus en Marruecos.
Marruecos, como muchos otros países del mundo, está experimentando una delicada situación sanitaria propiciada por la rápida proliferación del COVID en las distintas regiones del país, y que es especialmente grave en las zonas metropolitanas.
De hecho, pese a los enormes esfuerzos de las instituciones públicas para contener dicho avance, especialmente mediante la adopción de tempranas medidas de contención, el control más o menos estricto de la movilidad y la sensibilización ciudadana (sobre todo, a través de los medios de comunicación), hemos de señalar que el enfoque adoptado se ha limitado a la movilización de un puñado de organismos estatales, sin contar con las partes afectadas por la estrategia y sin tomar medidas para contener el avance del virus y proteger a los sectores más vulnerables ante el mismo.
Los representantes del movimiento asociativo han presenciado cómo, para hacer frente a la situación, se imponía un enfoque basado en la seguridad que se fundamenta en concentrar en manos de un comité gubernamental restringido el proceso de administración y de toma de decisiones. De este modo, se deja al margen al resto de partes afectadas por la situación, entre ellas los representantes electos, los partidos políticos y las personas afectadas desde el punto de vista social, económico y asociativo.
Sin embargo, las asociaciones, que son una vía fundamental para la comunicación y la movilización ciudadana, no se han involucrado de una manera estructurada y voluntaria, pese a la capacidad que pueden tener para beneficiarse de la gran disposición que tiene el pueblo a escucharlos en detrimento de las autoridades y del Ministerio del Interior que, más que un acicate para la concienciación y la responsabilidad, son un elemento que inspira miedo entre la población.
Estas limitaciones se ven encarnadas en la falta de comunicación y coordinación a la hora de gestionar el fondo solidario creado para la lucha contra el COVID-19. Esta situación ha favorecido un enfoque autoritario en cuanto a la administración de los recursos financieros que no ha venido acompañada de medidas socioeconómicas ni de sensibilización dirigidas sobre todo hacia los sectores más vulnerables de la población y, en particular, hacia aquellos que se ven azotados por la necesidad de buscar recursos diariamente mientras se les exige que respeten en la medida de lo posible las medidas dictadas por el gobierno.
Los primeros efectos de esta situación han tenido un gran impacto en diferentes sectores del país y, sobre todo, en los siguientes:
· El sector informal, formado sobre todo por pequeños comerciantes, trabajadores con empleos temporales y jornaleros que se ven privados de sus salarios y caen en un alto nivel de pobreza y precariedad. Esto los lleva a centrarse más en la búsqueda de ingresos que en cumplir las medidas sanitarias impuestas por el gobierno. Por ello, continúa e, incluso, aumenta el nivel de propagación entre los habitantes de los barrios con mayor densidad de población, ubicados sobre todo en núcleos urbanos, y que son el hogar de estos sectores más desfavorecidos.
· El sector de la educación, que se ha visto lastrado por la inexistencia de infraestructuras adecuadas y de medios para cumplir con los requisitos necesarios para conciliar dentro de los colegios, las universidades o los centros de formación profesional, las necesidades escolares con la protección ante los riesgos de un virus en expansión. Este sector está experimentando una situación particularmente complicada, pues se está generando un aumento masivo del abandono escolar entre niños y adolescentes de entornos pobres, sobre todo en las zonas rurales, ante la inexistencia de medidas excepcionales que promuevan el acceso asequible a la educación a distancia, teniendo en cuenta que las empresas de telecomunicaciones han registrado un aumento de la facturación en este contexto en el que los medios de comunicación y el teletrabajo han ganado gran cantidad de adeptos.
· El quinto objetivo de los ODS, relativo al fomento de la igualdad de género en leyes y programas, que también está en riesgo de no cumplirse. De hecho, la expansión del virus ha generado un sufrimiento y un estrés mental adicional en familias que ha convertido a las mujeres en las primeras víctimas. Esto es lo que nos muestra el estudio realizado por la HCP (la comisión para la planificación), que revela un enorme crecimiento de la violencia de género desde los primeros días del confinamiento. Además, de manera poco sorprendente, las mujeres también han sido las más afectadas por el desempleo subsiguiente a la emergencia por la pandemia en Marruecos.
· Por último, la situación propiciada por el COVID ha "permitido" que salgan a la luz deficiencias del país en cuanto a infraestructura, equipamiento y recursos humanos necesarios para atender las necesidades de la población. Aunque los representantes de la sociedad civil llevan denunciando estas deficiencias durante años, el gobierno se ha limitado a gestionar la lucha contra el virus sin incluir ningún aumento del presupuesto dedicado a la sanidad o a la educación en los programas gubernamentales de emergencia, como si estos dos desafíos no estuviesen relacionados. Esta actitud centrada únicamente en la gestión de la emergencia apunta a que se mantendrá el enfoque puramente improductivo a nivel monetario en cuanto a estos sectores vitales de la sociedad, respecto a los cuales, Marruecos tiene compromisos formales a nivel nacional e internacional.
Sin embargo, el movimiento asociativo de incidencia política es un componente de la sociedad que continúa teniendo un papel fundamental a la hora de avisar de los riesgos, de cuestionar a las autoridades públicas sobre las consecuencias de sus políticas y decisiones al plantear objetivos y de fomentar la creación de una democracia participativa real, tal y como lo estipula la constitución.