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2025-07-04

Manteniéndonos firmes en la tormenta: el rol indispensable de la sociedad civil en un entorno global adverso

Por Susana Eróstegui Directora Ejecutiva de la Red Boliviana de Cooperación Internacional, en representación de la Mesa de Articulación de Asociaciones Nacionales de ONG y Plataformas Regionales de América Latina y el Caribe (MESA) 

 

Bruselas, junio 2025 

 

En un momento de múltiples crisis globales—con crecientes desigualdades, retrocesos democráticos y tensiones geopolíticas—tuve el honor de participar en el Foro de Desarrollo de Políticas (Policy Forum on Development, PFD) de la Unión Europea en representación de la Mesa de Articulación de asociaciones nacionales de ONG y plataformas regionales de América Latina y el Caribe (MESA). Mis intervenciones se centraron en la necesidad urgente de garantizar un entorno propicio para las organizaciones de la sociedad civil (OSC), particularmente en un contexto marcado por la fragilidad institucional, el avance del populismo y la disminución de recursos para el desarrollo. 

 

Un panorama alarmante: el espacio cívico bajo amenaza 

 

Solo el 3,5 % de la población mundial vive en países donde se garantiza plenamente la libertad de expresión y de reunión, según el CIVICUS Monitor. El resto—más de 7 mil millones de personas—habita en contextos donde el espacio cívico está restringido, reprimido o cerrado. Esta realidad no solo obstaculiza nuestro trabajo: representa una amenaza directa para la democracia, los derechos humanos y el cumplimiento de la Agenda 2030. 

 

Desde Busán (2011), donde las OSC logramos un reconocimiento formal como actores del desarrollo por derecho propio, los compromisos asumidos para crear un entorno propicio han sido, en muchos casos, desatendidos. Hoy, podríamos decir que estamos peor que antes. 

 

¿Cómo resistimos en un entorno tan desigual? 

 

Los Estados cuentan con el poder político, el aparato legal y el control institucional. Los donantes controlan los recursos y las prioridades estratégicas. Las OSC, en cambio, solo tenemos nuestras convicciones, nuestras causas, y la legitimidad que deriva de actuar con independencia, transparencia, compromiso y ética. Y eso, aunque parezca poco, es una enorme fortaleza. 

Frente a las restricciones, la represión y las narrativas que intentan silenciarnos o dividirnos, debemos seguir resistiendo, proponiendo y exigiendo. Y hacerlo desde el diálogo democrático, con aliados estratégicos como la Unión Europea, que tiene la posibilidad—y la responsabilidad—de defender el espacio cívico y promover políticas coherentes con los valores que proclama. 

 

El entorno que enfrentamos es cada vez más complejo. Las OSC somos blanco de ataques, cooptación, fragmentación y clientelismo. La polarización política, el uso de tecnologías para el control social, y los medios subordinados al poder erosionan nuestra capacidad de incidencia. Y todo esto ocurre mientras enfrentamos una reducción progresiva de los fondos disponibles y del apoyo internacional efectivo. 

 

Populismo, autoritarismo y pérdida de institucionalidad 

 

Ya no se trata de gobiernos de izquierda o derecha. En muchos países de nuestra región y del mundo, lo que predomina es el afán de poder a toda costa. Se debilita la independencia judicial, se instrumentalizan las instituciones, y se criminaliza toda voz crítica, especialmente la de las organizaciones sociales. Se exacerban las divisiones de clase, género y etnicidad, y se desmantela el sentido de lo público. 

 

En este contexto, recuperar la ética de la política no es una opción: es una necesidad urgente. Los Estados deben volver a cumplir su papel de garantes de derechos, y no convertirse en sus principales vulneradores. 

 

Acción colectiva para transformaciones estructurales 

 

Frente a la magnitud de los desafíos—pobreza, migración forzada, violencia, extractivismo, narcotráfico, trata de personas—las OSC debemos recuperar nuestra capacidad de acción colectiva y superar el letargo que impone la burocracia. No podremos avanzar sin compromiso político real, voluntad de construir el bien común, y una renovada indignación frente a la injusticia. 

 

Necesitamos también fortalecer nuestros mecanismos de autorregulación y rendición de cuentas, no solo para ganar legitimidad, sino para tener autoridad moral al exigir lo mismo a los Estados y actores privados. Rendir cuentas de forma pública, clara y voluntaria fortalece nuestra credibilidad y abre espacios para una incidencia más firme. 

 

Reimaginar la cooperación y posicionar contranarrativas 

 

El actual modelo de cooperación internacional, basado en intereses geopolíticos y comerciales, debe transformarse. No basta con aumentar los flujos financieros. Se requiere una reconfiguración ética y política de las relaciones entre donantes, gobiernos y sociedad civil. 

 

Debemos construir contranarrativas que reposicionen el papel político y transformador de las OSC. Narrativas que denuncien la arbitrariedad y el abuso de poder, que promuevan el debate público y el diálogo multiactor, que impulsen soluciones reales y estructurales para nuestros pueblos. 

 

También debemos: 

  • Consolidar alianzas basadas en principios y valores compartidos
  • Desarrollar nuevas capacidades para diversificar nuestras fuentes de financiamiento. 
  • Anteponer siempre el interés común y la solidaridad a cualquier cálculo político o comercial. 

¿Estamos a la altura? 

 

Esa es la pregunta que debemos hacernos. Porque si seguimos por este camino, serán pocas las organizaciones que sobrevivan. Se multiplicarán los gobiernos autoritarios y las poblaciones más pobres del sur global seguirán esperando respuestas que nunca llegan. 

 

Desde la sociedad civil, creemos que sí estamos a la altura—siempre que trabajemos de forma articulada, comprometida y con una visión clara del cambio que queremos construir. La sociedad civil no es un actor accesorio. Es un pilar fundamental para la democracia, el desarrollo sostenible y la construcción de un futuro más justo para todas las personas.