2024-10-03
Cumbre del Futuro 2024: Principales resultados, oportunidades perdidas y camino a seguir
El 22 de septiembre de 2024, las Naciones Unidas adoptaron el Pacto para el Futuro en la Cumbre del Futuro, un acuerdo fundamental destinado a reafirmar la cooperación mundial en un momento en que el mundo se enfrenta a crisis crecientes, conflictos, temperaturas en aumento, cifras récord de desplazados y una brecha digital cada vez más profunda. La cooperación mundial nunca ha sido tan urgente. Aunque el Pacto ya se ha firmado, queda pendiente una cuestión crítica: ¿Es este nuevo Pacto por el Futuro lo bastante audaz para hacer frente a estos retos sin precedentes?
Los principales logros
Reafirmación del multilateralismo y la cooperación internacional. Uno de los resultados más significativos de la Cumbre fue el nuevo compromiso mundial con el multilateralismo. El Pacto para el Futuro reafirma la importancia de la cooperación internacional y el papel central de las Naciones Unidas a la hora de abordar los retos mundiales. Hace referencia a acuerdos internacionales clave, como el Acuerdo de París, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la Agenda de Acción de Addis Abeba y la Declaración de Pekín, señalando que, a pesar de las crecientes tensiones geopolíticas, la comunidad mundial sigue comprometida con la acción colectiva.
Compromiso con la reforma del Consejo de Seguridad. Por primera vez en años, el Pacto reconoce la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, destacando la importancia de hacerlo más representativo y responsable. La atención prestada a corregir las injusticias históricas contra África, con una propuesta de puestos permanentes africanos, marca un cambio en los debates. Aunque no se acordaron reformas específicas ni plazos, la inclusión de este lenguaje abre la puerta a debates más serios en el futuro.
Reforma de la arquitectura financiera mundial. El Pacto reconoce la necesidad de reformar el sistema financiero mundial, con compromisos para cerrar la brecha de financiación de los ODS, promover el endeudamiento sostenible y apoyar la financiación del cambio climático. También pide que se deje de utilizar el PIB como principal medida de progreso, señalando un cambio hacia métricas de desarrollo más inclusivas y sostenibles.
Gobernanza digital y Pacto Mundial Digital. El Pacto Mundial Digital se compromete a reducir las brechas digitales y a garantizar que la infraestructura digital sea accesible e inclusiva. Hace hincapié en la necesidad de salvaguardar los derechos digitales, incluida la protección de la privacidad, y garantizar que los beneficios de la digitalización se compartan equitativamente.
¿Qué falta? - Lagunas críticas del Pacto de futuro
Aunque el Pacto contiene compromisos importantes, hay varias áreas clave en las que se queda corto.
- Débiles mecanismos de aplicación. Uno de los puntos débiles más evidentes del Pacto es la falta de mecanismos concretos de aplicación. Aunque reafirma los compromisos mundiales con el multilateralismo, los derechos humanos y el desarrollo, la ausencia de acciones específicas o de marcos de rendición de cuentas amenaza con socavar su impacto. Sin vías de acción claras, estos compromisos corren el riesgo de seguir siendo simbólicos, especialmente en cuestiones críticas como el cambio climático, la reforma financiera y la gobernanza mundial.
- Lenguaje limitado sobre el espacio cívico. El Pacto es notablemente débil en cuanto a la protección del espacio cívico y la participación significativa de la sociedad civil en la gobernanza mundial, a pesar de que el compromiso cívico tanto a nivel mundial como nacional sigue estando gravemente restringido, y sólo el dos por ciento de la población mundial disfruta de la libertad de asociarse, manifestarse y expresar su desacuerdo sin restricciones significativas. Aunque se reconoce la importancia de la sociedad civil en el Pacto Mundial Digital y en determinados esfuerzos de consolidación de la paz, el lenguaje general es demasiado limitado. La ausencia de fuertes protecciones para el espacio cívico refleja la creciente influencia de los gobiernos represivos, muchos de los cuales han tratado de limitar el papel de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones globales.
- Falta de ambición en la acción climática. Los compromisos climáticos del Pacto reafirman los acuerdos existentes, en particular el Acuerdo de París, pero no introducen objetivos nuevos y más ambiciosos. En un momento en el que el mundo ya está luchando por cumplir los objetivos climáticos actuales, la ausencia de un lenguaje más contundente y de medidas procesables sobre financiación climática, adaptación y pérdidas y daños es una oportunidad perdida, especialmente para los países más vulnerables.
- Ninguna referencia a los derechos LGBTIQ+. Otra omisión significativa es la falta total de referencia a las minorías sexuales. El Pacto no aborda los derechos de las comunidades LGBTIQ+, lo que supone una exclusión decepcionante y regresiva, especialmente teniendo en cuenta las continuas luchas por la igualdad a las que se enfrentan estos grupos en todo el mundo.
- Lagunas en la seguridad digital. Aunque el Pacto Mundial Digital da pasos importantes hacia la inclusión y los derechos digitales, no aborda cuestiones cruciales relacionadas con la paz y la seguridad digitales. La eliminación de referencias a la protección de la infraestructura civil frente a los ataques digitales y la exclusión de los dominios militares del pacto debilitan el marco para garantizar un futuro digital seguro y pacífico.
El camino a seguir: De las palabras a la acción
El Pacto por el Futuro representa un punto de partida, no un punto final. Con todas sus lagunas, sienta las bases para futuras negociaciones sobre cuestiones críticas como la reforma del Consejo de Seguridad, la revisión de la arquitectura financiera y la acción por el clima. Sin embargo, la verdadera prueba está por llegar: traducir estos compromisos en acciones concretas a nivel nacional.
Para que este acuerdo mundial se traduzca en avances tangibles, son necesarias varias acciones clave:
- Aplicación nacional concreta: Los gobiernos deben traducir los compromisos asumidos en el Pacto en planes de acción nacionales con plazos y mecanismos de rendición de cuentas claros. El verdadero impacto del Pacto dependerá de si los países están dispuestos a aplicar sus disposiciones a nivel nacional y a garantizar que estos compromisos globales se traducen en cambios significativos a nivel nacional y local.
- Mayor protección del espacio cívico: Debe darse prioridad a la protección del espacio cívico, tanto dentro del sistema de la ONU, donde existe la necesidad de #UNMutearalasociedadcivil, como a nivel nacional. En concreto, la sociedad civil es esencial para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la inclusión en la gobernanza mundial. Los debates futuros deben desarrollar un lenguaje y protecciones más fuertes para garantizar que la sociedad civil pueda participar plenamente en los procesos de toma de decisiones y que se respeten las libertades y los derechos cívicos
- Impulsar una acción climática más enérgica: El mundo no puede permitirse esperar a objetivos climáticos más ambiciosos. Los próximos pasos deben incluir el aumento de la financiación climática, especialmente para la adaptación y las pérdidas y daños, y garantizar que los objetivos climáticos actuales se cumplan con urgencia. Además, debe haber compromisos claros para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y la transición a las energías renovables. Las próximas negociaciones sobre el clima, en particular la COP30, serán cruciales para aprovechar el Pacto e impulsar avances significativos.
- Reforma financiera y representación de la mayoría mundial: La arquitectura financiera mundial debe reformarse para dar a la Mayoría Global una voz más fuerte en los procesos de toma de decisiones. Instituciones como el FMI y el Banco Mundial deben reestructurarse para garantizar una representación equitativa y una asignación justa de los recursos financieros. Los países de la Mayoría Global deben sentarse a la mesa en los debates sobre la gobernanza económica mundial.
- Paz y seguridad digitales: A medida que las tecnologías digitales siguen configurando el futuro, las lagunas del Pacto Digital Mundial en torno a la seguridad y la protección de las infraestructuras civiles requieren una atención urgente. La comunidad internacional debe trabajar hacia un marco más completo que aborde las amenazas digitales y garantice un entorno digital pacífico y seguro para todos.
Conclusiones: El camino por recorrer
El Pacto para el Futuro es un reflejo del estado actual de la gobernanza mundial: lleno de ambiciones pero limitado por las realidades geopolíticas. Su adopción fue una victoria del multilateralismo, pero con cautela. Queda mucho trabajo por hacer para garantizar que los compromisos adquiridos se traduzcan en acciones que beneficien a todos, especialmente a los marginados y vulnerables.
Las organizaciones de la sociedad civil desempeñarán un papel fundamental en este proceso. Aunque el Pacto carezca de mecanismos claros de aplicación, corresponde ahora a la sociedad civil hacer que los gobiernos rindan cuentas de las promesas realizadas. La defensa nacional será esencial para impulsar la integración de estos compromisos globales en las políticas nacionales y en las estrategias de desarrollo.
Al mismo tiempo, será importante seguir supervisando los debates sobre la reforma de la gobernanza mundial, especialmente en torno a la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y del sistema financiero mundial. La voz de la Mayoría Global es cada vez más fuerte, y las organizaciones de la sociedad civil pueden ayudar a amplificar este impulso, garantizando que estas reformas conduzcan a un sistema global más equitativo e inclusivo.
Este análisis se ha elaborado con las aportaciones de los miembros de Forus, plataformas nacionales de ONG y coaliciones regionales de 5 continentes diferentes que representan a más de 24.000 ONG de todo el mundo, que asistieron y participaron en la Cumbre del Futuro.