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© Parastoo Maleki
2025-12-18
Crisis energética en Mali: entre la resiliencia ciudadana, la movilización civil y las restricciones del espacio cívico
Desde hace varios años, Malí sufre una profunda crisis energética, caracterizada por cortes de electricidad recurrentes, agravada recientemente por una persistente escasez de combustible. Barrios enteros se ven sumidos en la oscuridad durante días, a veces semanas. Las gasolineras están vacías. Los generadores, última línea de defensa para muchos hogares, hospitales y pequeñas empresas, permanecen inactivos debido a la falta de combustible diésel.
Esta crisis va mucho más allá de las cuestiones técnicas o económicas. Se ha convertido gradualmente en una crisis social y cívica que afecta a la vida cotidiana de las personas y socava los mecanismos de participación ciudadana.
Es esencial contar esta historia porque el acceso a la energía es un requisito previo para el ejercicio de los derechos fundamentales: el derecho a la salud, la educación, el trabajo y una vida digna. Sin electricidad, los hospitales funcionan a capacidad reducida, los estudiantes estudian en la oscuridad, la actividad económica se paraliza y las desigualdades se agravan. El silencio o la trivialización de esta crisis contribuyen a normalizarla, a pesar de que perturba profundamente la vida de millones de malienses.
También es importante contar esta historia porque revela las desigualdades sociales. Quienes tienen los medios pueden equiparse con costosas soluciones alternativas, mientras que las poblaciones más vulnerables son las que más sufren las consecuencias de la escasez. La crisis energética se convierte así en un espejo de las divisiones sociales, acentuando la precariedad y alimentando un sentimiento de injusticia.
Por último, contar la historia de esta crisis plantea una cuestión cívica y política: la de la responsabilidad, la gobernanza y el futuro colectivo. Dar voz a los residentes, los trabajadores, las mujeres y los jóvenes significa transformar una serie de cortes de electricidad en una narrativa humana, que transmite recuerdos e inspira a la acción. Significa rechazar el olvido y la indiferencia, y recordarnos que detrás de cada corte de electricidad hay vidas, decisiones y emergencias que determinarán el futuro de Malí.
Una crisis estructural en un contexto de inestabilidad
La dependencia de Malí de las importaciones de combustible, el envejecimiento de las infraestructuras energéticas, las dificultades financieras de las empresas públicas y la persistente inseguridad en las carreteras han creado un sistema especialmente vulnerable. Desde septiembre, los ataques del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM/JNIM) contra los convoyes de combustible que unen Bamako con Senegal y Costa de Marfil han agravado la escasez, atacando directamente las arterias económicas del país.
En este contexto, los hospitales, las escuelas y las empresas funcionan a un ritmo reducido. El cierre temporal de las escuelas y la parálisis de las pequeñas actividades económicas revelan la magnitud social de la crisis.
Mujeres, estudiantes, transportistas: resiliencia en la vida cotidiana
Aïssata, madre de tres hijos, vende zumo de bissap y tamarindo al borde de la carretera. Los prolongados cortes de electricidad le impiden almacenar sus productos. «No podemos parar», afirma. Para seguir adelante, cubre los zumos con paños y consigue cubitos de hielo de un vecino que tiene un pequeño panel solar. Sus ingresos han disminuido, pero rendirse no es una opción.
Diatou, ama de casa, ha visto cómo se disparaban los precios del petróleo, las verduras y el transporte. «La vida se ha vuelto cada vez más difícil», afirma. Los comerciantes informan de que los costes de transporte se han duplicado o incluso triplicado, lo que retrasa el reabastecimiento.
Para los estudiantes, la oscuridad les obliga a adoptar nuevos hábitos. Mariam, estudiante de cuarto curso de Medicina, estudia a la luz de su teléfono. «Nos estamos adaptando», dice. Al igual que ella, muchos jóvenes están convirtiendo la crisis en un ejercicio de supervivencia colectiva.
Iniciativas ciudadanas y soluciones locales emergentes
Ante la incertidumbre, están surgiendo respuestas locales. Malí tiene un alto potencial solar que durante mucho tiempo ha estado infrautilizado. En varios barrios de Bamako, los hogares están invirtiendo en instalaciones solares a pequeña escala para reducir su dependencia de Énergie du Mali (EDM).
Por su parte, el Gobierno maliense colabora con Burkina Faso y Níger para armonizar las políticas energéticas regionales, compartir los esfuerzos de electrificación y reforzar la seguridad energética en el Sahel.
Los jóvenes desempeñan un papel central en esta dinámica. Se están organizando colectivos informales para poner en común generadores, compartir combustible y promover soluciones solares accesibles. Algunos van aún más lejos: en varias gasolineras, jóvenes voluntarios distribuyen agua y comida a las personas que se ven atrapadas en las colas.
Los mecánicos y electricistas también ofrecen asesoramiento y reparaciones a la comunidad con el fin de reducir el consumo de energía.
Redes sociales, ayuda mutua digital y desinformación
La comunicación digital se ha convertido en una herramienta fundamental para la gestión informal de la crisis. Facebook y WhatsApp se utilizan para informar sobre las gasolineras que tienen suministro, compartir consejos prácticos, pero también para expresar la ira popular.
Sin embargo, este rápido flujo de información va acompañado de desinformación: anuncios falsos de llegadas, rumores de escasez prolongada o acusaciones sin verificar. Esta situación pone de relieve los límites del derecho a la información en un contexto de crisis. A falta de datos públicos claros, regulares y fácilmente accesibles, los ciudadanos se ven obligados a depender de fuentes informales, a menudo difundidas por las redes sociales, lo que fomenta la confusión y la desconfianza.
Garantizar una información fiable en tiempos de crisis es un reto democrático importante. Sin transparencia, los ciudadanos tienen dificultades para comprender la situación, adaptar su comportamiento y mantener un nivel mínimo de confianza en las instituciones.
Organizaciones de la sociedad civil: las libertades civiles bajo presión
Aunque no se ha anunciado ninguna prohibición formal de las protestas relacionadas con la crisis energética, el espacio cívico sigue siendo frágil. No hay manifestaciones y las reivindicaciones se expresan más en Internet que en las calles. Más allá de todo esto, hay que señalar que Malí se encuentra en un periodo de circunstancias excepcionales y que la ausencia de protestas se debe también a la suspensión de las actividades de los partidos políticos, lo que también conduce a una moderación estratégica por parte de la sociedad civil. Esta moderación plantea interrogantes sobre la eficacia del derecho a la participación ciudadana en un contexto de crisis multidimensional.
No obstante, algunas organizaciones de la sociedad civil, como FECONG, han organizado talleres con las autoridades del sector energético para promover alternativas a EDM y sensibilizar a la opinión pública. Estas iniciativas han tenido una buena acogida, pero siguen siendo limitadas dada la magnitud de la crisis y las restricciones a la expresión ciudadana.
Entre la esperanza y la vulnerabilidad
La llegada de casi 200 camiones cisterna escoltados por el ejército a finales de octubre ha supuesto un respiro para Bamako y otras ciudades importantes. Pero este respiro temporal pone de manifiesto, sobre todo, una profunda vulnerabilidad estructural.
La resiliencia de los malienses es real, pero no basta por sí sola. Para ser sostenible, debe ir acompañada de reformas estructurales en la gobernanza del sector energético, basadas en la transparencia, la rendición de cuentas y la inclusión ciudadana.
Esta crisis podría convertirse en una oportunidad histórica: acelerar la transición hacia las energías renovables, reforzar las soluciones descentralizadas, crear empleo local y abrir un espacio de diálogo entre las autoridades, la sociedad civil y los ciudadanos.
Informar sobre esta crisis no es solo dar testimonio de una prueba difícil. Es un recordatorio de que la energía es un bien común y que su gobernanza está vinculada a la dignidad, la cohesión social y el futuro colectivo de Malí.
Este artículo ha sido escrito como parte del programa de becas de periodismo Forus. Más información aquí.
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