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2026-06-03

La nueva longevidad como motor de reconstrucción en Venezuela

El relato tradicional suele asociar el envejecimiento con el retiro, encerrarse en casa, alejarse del mundo laboral. Sin embargo, en una Venezuela que se reconstruye desde sus comunidades, está emergiendo una nueva generación de impulsores cuyo activo más valioso es el conocimiento acumulado.

 

Frente a la migración que ha reconfigurado drásticamente la demografía del país en los últimos años, la llamada "nueva longevidad" ha dejado de ser una estadística de vulnerabilidad para convertirse en una muestra de resiliencia que mantiene familias, impulsa gremios, servicios y espacios públicos.

 

Con la participación y el estímulo de la sociedad civil organizada, algunos adultos mayores están invirtiendo su experiencia para generar bienestar, soberanía tecnológica, rescate ambiental y dinamismo económico.

 

Para Mauricio Parilli, vocero de la Red Venezolana de la Nueva Longevidad, este cambio de paradigma es una necesidad urgente. La red concibe esta etapa no como un espacio de aislamiento: “No estamos viendo la longevidad como un tema de edadismos donde arrinconamos al adulto mayor; la concebimos como la capacidad de mantener la vigencia en el tiempo, sin barreras”.

 

Para el vocero, esta vigencia se traduce en la "intergeneracionalidad", un cruce de valores donde el adulto mayor mentoriza al joven y “ese cruce de valores potencia el saber colectivo”.

 

En este escenario, el conocimiento es capital y la tecnología es el vehículo indispensable para reinvertirlo. Es por esta razón que Soleir Valecillos, Gerente General de la organización Silvermoon, explica que la exclusión digital es una pérdida de talento y es por eso que acompañan en “la actualización de los conocimientos tecnológicos para que las personas se mantengan vigentes dentro de los servicios y el mercado” y puedan tener empoderamiento productivo después de los 50 años.

 

Esa barrera digital la vivió en carne propia Carmen Bueno Gil, de 68 años, quien, con dos profesiones, pero retirada y cuidadora de su madre de 101 años, enfrentó el reto tecnológico en medio del vacío que deja el éxodo familiar.

 

“La situación país nos ha dejado solos en algunos aspectos; se han ido hijos, sobrinos, hermanos, por lo que tenemos que recurrir a otras personas para que nos ayuden con la tecnología. No crecimos en la era digital y esta tecnología es avasallante, nos tocó aprender”, expresa Bueno Gil.

 

Para ella, el paso por los programas de alfabetización digital de la organización transformó el aislamiento en autonomía.

 

“Cuando iniciamos con Silvermoon nos dimos cuenta de muchas cosas que no sabíamos, como manejar la seguridad de Instagram, de WhatsApp y de los correos. Aprendiendo esto ganamos seguridad y confianza para desenvolvernos solo a hacer un pago móvil, meternos en una página web o tener reuniones en Google Meet, cosas que antes no hacíamos solos. En el país hace falta apoyo al adulto mayor, cursos que den orientación y educación. Nuestra mente es un disco duro que se ha llenado de mucha experiencia; ahora tengo más herramientas para atreverme”, destaca.

 

Ciudadanos comprometidos con la protección de espacios

 

El impacto de esta nueva longevidad no solo es intelectual o tecnológico, también es humanitario, pues consideran que el abandono de zonas ambientales se combate con la experiencia de los años.

 

Un ejemplo se vive en el municipio San Diego del estado Carabobo, con el Grupo Ambiental Paseo Orégano, presidido por la señora Trina Luque Mirabal. Este proyecto, impulsado por vecinos y profesionales universitarios jubilados, transformó una avenida de la localidad un espacio que antes era inseguro y carecía de mantenimiento, en un bosque urbano.

El grupo de personas, luego de solicitar información oficial y conocer que los terrenos adyacentes eran para el desarrollo urbano de la comunidad y para la educación, comenzó a trabajar todos los sábados y a la fecha han sembrado más de 1.800 árboles frutales, forestales y ornamentales.

 

Según destaca Luque Mirabal, el impacto ecológico y social transformó por completo la dinámica de la zona.

 

“Esto ha generado beneficios para los visitantes, es un área de actividades culturales, educativas, visitas guiadas para los colegios, un punto en rutas turísticas del municipio, se han rescatado los suelos y se sembró un vivero de un pasto llamado vetiver para la distribución de taludes y fitoremediación del agua”.

 

El espacio cuenta hoy con cominerías, prácticas de yoga y actividades deportivas para recaudar recursos que permitan la sostenibilidad del proyecto, contando con el respaldo de la alcaldía de San Diego y del Concejo Municipal.

 

Respuestas civiles y desafíos estructurales

 

Esta reinvención comunitaria, sin embargo, ocurre sobre un terreno profundamente adverso donde las carencias materiales desafían la dignidad diaria de los adultos mayores en Venezuela.

 

De acuerdo con el último informe 2025 de condiciones de vida presentado por la Organización No Gubernamental Convite, a través de su coordinadora de investigación, Yaniret Fernández, revela una realidad alarmante: mientras una persona mayor requiere entre $450 y $500 mensuales solo para cubrir su alimentación, el ingreso promedio por pensiones y bonos oficiales era de apenas $51 y en este año 2026 fue aumentado a $70.

 

Esta brecha estructural obliga al 62% de los adultos mayores a depender del apoyo económico de sus familiares para poder sobrevivir. Además, el estudio destaca que 82% de los encuestados manifiesta que es sumamente costoso vivir o mantenerse económicamente, evidenciando un estado de precariedad económica crónica.

 

La distancia geográfica impuesta por el éxodo añade a la crisis económica una profunda carencia y es el aislamiento emocional. Es en esta compleja intersección donde nace el Club Tobías, una propuesta creada por Zandra Pedraza y José Rafael Quintana.

 

El proyecto nació de reuniones semanales de un pequeño grupo que decidió publicar sus actividades en una página web de música, atrayendo de inmediato el interés de la diáspora venezolana que buscaba alternativas de bienestar y contención para los padres que se habían quedado en el país.

 

El Club Tobias pasó de ocupar un par de mesas en espacios públicos durante 2022 a consolidar una red de 10 sedes y una comunidad digital de más de 90.000 usuarios, sostenida en gran medida por ese apoyo transnacional.

 

Sus fundadores explican la filosofía que mueve los encuentros: “Bailamos, cantamos, conversamos, celebramos la vida y conectamos neuronas, enseñamos a la gente que, el que no se mueve se tuye, les enseñamos que la alegría trae mucha más alegría y también que en el Club Tobías descubrimos talentos”.

 

En este mismo ecosistema asociativo coinciden redes de apoyo como la Alianza Plateada, la propia organización Convite, Trabajo y Persona, y modelos de acompañamiento como Hijo Suplente, orientados a que el adulto mayor mantenga su independencia y salud mental a pesar del entorno.

 

Sin embargo, la consolidación de todo este movimiento civil como un activo nacional choca de frente con desafíos estructurales que limitan el flujo de su potencial y el primero de ellos es la falta de estadísticas oficiales y actualizadas.

 

Mauricio Parilli advierte que en Venezuela “adolecemos de mucha investigación. Necesitamos data para sentarnos con los actores oficiales a generar políticas de cambio”, pues sin números macros e institucionales, este inmenso capital de experiencia sigue siendo invisible para el diseño de políticas públicas de Estado.

 

Asimismo, la Red Venezolana de la Nueva Longevidad aboga por la urgencia de marcos legales modernos que protejan los bienes de las personas mayores, proponiendo herramientas de independencia financiera como la hipoteca inversa dentro del marco normativo actual.

 

Finalmente, la marcada centralización de la salud especializada en las grandes urbes sigue siendo un obstáculo severo para la autonomía en el interior del país, pues para que una mente se mantenga productiva, el cuerpo debe estar atendido.

 

A pesar de este escenario, la experiencia acumulada por el tejido social demuestra que el envejecimiento en la Venezuela de hoy no es un problema que resolver, sino una oportunidad para el país como concluye Parilli: “El objetivo es que dejemos de ver al adulto mayor como un problema y lo veamos como una oportunidad para expandir servicios y asegurar calidad de vida”.

 

 

 

 

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