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jue. 8 oct. 2026
De las colaboraciones a las alianzas: lecciones del Sahel
¿Qué significa apoyar a la sociedad civil en el Sahel cuando la crisis es de larga duración, la financiación se está reduciendo y el margen de maniobra es cada vez más limitado?
Estas preguntas fueron el eje central del seminario «La sociedad civil en una encrucijada: unirse, adaptarse y hacer oír su voz por el Sahel», organizado por el CNCD-11.11.11, miembro de Forus, y ACODEV, junto con miembros de la Plataforma del Sahel y socios que trabajan en la región.
El encuentro reunió a organizaciones de la sociedad civil del Sahel y de Bélgica, investigadores, organizaciones internacionales, donantes y actores institucionales para reflexionar sobre los retos a los que se enfrenta la sociedad civil, pero también sobre lo que está funcionando, lo que hay que apoyar y lo que se puede aprender de las organizaciones que siguen actuando.
En todo el Sahel, las organizaciones de la sociedad civil se enfrentan a crecientes presiones políticas, de seguridad y financieras. Las restricciones a las libertades cívicas se ven agravadas por las barreras administrativas y la reducción de la financiación internacional; además, en muchos contextos, las crisis políticas y los cambios en la cooperación internacional han afectado directamente a las organizaciones locales y a las comunidades a las que apoyan.
Varios participantes cuestionaron la tendencia a concebir el Sahel en términos de «crisis» sucesivas, señalando en su lugar una realidad permanente para muchas personas y organizaciones de la región. Sin embargo, a pesar de un espacio de actuación cada vez más reducido y de los riesgos crecientes, la sociedad civil sigue organizándose, adaptándose y encontrando nuevas formas de llegar a las comunidades y apoyarlas.
En estos períodos de profunda incertidumbre, las «sociedades civiles» de todo el Sahel han seguido innovando, adaptándose y encontrando nuevas formas de trabajar. El debate volvió en repetidas ocasiones a la necesidad de la localización y de un cambio en el poder. Es necesario reconocer a los actores locales no solo como socios ejecutores, sino como actores con experiencia, conocimientos y capacidad de acción política.
Esto implica que es necesario escuchar de otra manera, reconocer la experiencia de otra manera, aprender de otra manera y cooperar de otra manera.
También implica ir más allá de las colaboraciones tradicionales hacia las alianzas: relaciones basadas en objetivos compartidos, responsabilidad mutua y un compromiso a largo plazo de trabajar juntos.
La financiación de la sociedad civil en un Sahel en transformación
La financiación se reveló como uno de los retos más acuciantes. La financiación internacional está disminuyendo, mientras que, en algunos contextos, los fondos se bloquean o cada vez resulta más difícil canalizarlos hacia las organizaciones locales. Al mismo tiempo, la ayuda humanitaria está disminuyendo en lugares donde las comunidades siguen enfrentándose a enormes necesidades.
Sin embargo, las organizaciones locales siguen encontrando formas de responder.
En algunas comunidades, se están creando grupos de solidaridad a nivel de pueblo. Organizaciones como las iniciativas comunitarias de ahorro y microcrédito intentan mantener sus actividades a pesar de la drástica reducción de los indicadores y los recursos. Los sistemas locales y nacionales de solidaridad y resiliencia siguen activos incluso cuando el apoyo internacional se vuelve menos predecible.
La cuestión ahora no es solo cómo reemplazar la financiación perdida, sino cómo los donantes y las organizaciones internacionales pueden apoyar mejor a los sistemas y actores que ya trabajan en las comunidades. Esto requiere una mayor coordinación y coherencia entre los actores internacionales, en lugar de iniciativas más fragmentadas que trabajen de forma aislada. También exige ser más estratégicos y precisos a la hora de determinar con quién se colabora, reconociendo que no todos tienen el mismo acceso, los mismos riesgos ni la misma capacidad para operar.
Para los donantes que han mantenido una presencia a largo plazo en la región, también existe la importante responsabilidad de mantener abierto el diálogo. Las evaluaciones y revisiones de las estrategias en el Sahel deberían incluir una consulta significativa con la sociedad civil, incluidas aquellas organizaciones que quizá no siempre sean las más visibles a nivel internacional, ya que se dedican a forjar relaciones, mantener la cohesión social y crear espacios para que las comunidades se organicen.
Se citó el ejemplo de la cooperación suiza para recordar que el compromiso a largo plazo es importante. Es posible que su apoyo a lo largo de más de dos décadas no siempre haya supuesto grandes volúmenes de financiación, pero su continuidad ha creado relaciones y una memoria institucional que resultan especialmente valiosas en un contexto cambiante.
Y esta perspectiva a largo plazo es importante más allá de la financiación.
Las actuales políticas migratorias europeas pueden dificultar enormemente que los socios del Sahel viajen, asistan a reuniones y participen precisamente en los foros en los que se debaten las políticas que afectan a su labor. En consecuencia, los socios de la región se ven obligados a lidiar con esta contradicción: pedimos la localización y una participación significativa, al tiempo que hacemos cada vez más difícil la participación física.
Por lo tanto, apoyar a la sociedad civil también significa analizar las barreras prácticas a la participación y encontrar formas alternativas de garantizar que las organizaciones de la región puedan seguir formando parte de los debates internacionales.
La sociedad civil necesita espacio para adaptarse —y para expresarse—
La reducción del espacio cívico es otra gran preocupación, también para las organizaciones que trabajan en favor de los derechos de los trabajadores y la justicia social.
Por lo tanto, apoyar a la sociedad civil en el Sahel también significa ayudar a las organizaciones a adaptarse sin tener que autocensurarse. Las organizaciones necesitan espacios donde puedan debatir abiertamente los riesgos, desarrollar estrategias y seguir colaborando con las comunidades y los responsables de la toma de decisiones.
Esto reviste especial importancia a medida que los modelos de gobernanza van cambiando en toda la región. Los cambios geopolíticos no deberían suponer que las poblaciones pierdan el acceso a la solidaridad, la cooperación al desarrollo o la participación de la sociedad civil.
En este contexto, mantener el diálogo con la sociedad civil reviste una importancia estratégica cada vez mayor. Las organizaciones de la sociedad civil, incluidas las plataformas nacionales de la sociedad civil y las coaliciones regionales, siguen siendo actores esenciales para comprender lo que ocurre a nivel comunitario, identificar las necesidades emergentes y los riesgos, y encontrar formas de llegar a la población cuando los mecanismos tradicionales de cooperación internacional resultan cada vez más difíciles de utilizar.
De las colaboraciones a las alianzas
El debate también planteó una cuestión importante: ¿cómo podemos apoyar a la sociedad civil en el Sahel no solo para que sobreviva a la situación actual, sino también para que se prepare para lo que vendrá después?
Quizá la lección más importante que se desprende del debate es que el contexto actual nos obliga a replantearnos la relación, ya que las colaboraciones no son suficientes si el poder sigue concentrado.
Se propuso un modelo más sólido basado en alianzas: relaciones a más largo plazo en las que el conocimiento fluye en ambas direcciones, se reconoce la experiencia local y las organizaciones desempeñan un papel significativo en la elaboración de estrategias.
Es aquí también donde las plataformas nacionales de la sociedad civil tienen un papel especialmente importante que desempeñar, ya que reúnen a diversas organizaciones, crean espacios para el análisis colectivo y la defensa de causas, y ayudan a garantizar que los actores internacionales se relacionen con la sociedad civil como un ecosistema, en lugar de hacerlo a través de organizaciones aisladas.
La red de Forus añade otra dimensión a esto: la solidaridad entre plataformas de distintos países y regiones.
Las plataformas nacionales que se enfrentan a retos similares no tienen por qué afrontarlos en solitario. Las coaliciones regionales pueden ayudar a poner en común experiencias, identificar tendencias comunes y desarrollar estrategias colectivas de defensa de causas, mientras que la red de Forus puede crear espacios de aprendizaje y solidaridad entre regiones, así como facilitar la comunicación entre miembros para elaborar estrategias de forma conjunta.
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