2026-07-10
Más allá de la participación: los miembros de Forus y los socios de la sociedad civil reclaman una mayor rendición de cuentas en la aplicación de los ODS
Mientras continúa en Nueva York el Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible (HLPF) 2026, quedó claro un mensaje: el desarrollo sostenible no puede acelerarse únicamente mediante compromisos. Requiere un espacio cívico abierto, una participación significativa de las partes interesadas, una mayor rendición de cuentas y vínculos más sólidos entre las promesas globales y las realidades locales.
El 8 de julio, Forus participó en debates que situaron la participación en el centro de la implementación de los ODS, no como un requisito formal que simplemente haya que cumplir, sino como una de las condiciones que determinarán si la Agenda 2030 logra sus objetivos.
Este mensaje es especialmente urgente cuando el mundo entra en los últimos años antes de 2030. Los gobiernos están bajo presión para demostrar avances, pero las soluciones técnicas y los procesos de seguimiento no serán suficientes si las personas y comunidades más afectadas por las decisiones siguen siendo excluidas de su diseño, supervisión y mejora.
Durante el evento paralelo del HLPF «Sociedad civil, espacio cívico y los ODS: acciones coordinadas para la Agenda 2030 y un futuro sostenible para todas las personas», organizado por varios socios de la sociedad civil, las personas ponentes subrayaron que el espacio cívico está directamente relacionado con los resultados del desarrollo. Cuando la sociedad civil puede organizarse, expresarse, supervisar, hacer incidencia y participar de forma segura, las políticas están mejor fundamentadas, son más transparentes y responden mejor a la realidad de las personas. Cuando el espacio cívico se reduce, la implementación también se resiente.
Sentar las bases de un espacio cívico desde la apertura
Al inaugurar el debate, el presidente del ECOSOC, Lok Bahadur Thapa, subrayó que los gobiernos no pueden alcanzar el desarrollo sostenible por sí solos. La sociedad civil desempeña un papel fundamental al conectar los compromisos nacionales con las realidades locales, fortalecer la rendición de cuentas y garantizar que las políticas respondan a las necesidades de la población. Por ello, las restricciones a la libertad de asociación, de expresión y de participación en Zambia no afectan únicamente a las organizaciones de la sociedad civil. Debilitan el propio desarrollo sostenible.
De los datos a la narrativa: tres experiencias nacionales
Tres personas ponentes llevaron este principio general al terreno de la experiencia nacional, trasladando la conversación de los marcos de acción y los datos a las experiencias vividas.
Leah Mitaba, miembro de Forus y representante del Consejo de Desarrollo Social de Zambia, compartió la experiencia de Zambia con mecanismos de gobernanza cocreados, entre ellos la Alianza para el Gobierno Abierto (Open Government Partnership), la elaboración conjunta de informes entre el gobierno y la sociedad civil, y la localización de los ODS mediante plataformas temáticas copresididas. Su mensaje fue claro: la participación debe ser predecible, contar con recursos suficientes e integrarse en todas las fases del ciclo de las políticas públicas, y no limitarse a consultas puntuales realizadas cuando las decisiones ya han sido tomadas.
Las demás personas ponentes reforzaron este mensaje. Rup Sunar, de Dignity Initiative en Nepal, destacó que el espacio cívico no es una consecuencia de la inclusión y la rendición de cuentas, sino un requisito previo para ambas: sin libertad para organizarse y expresarse, no puede haber una inclusión ni una rendición de cuentas significativas. Por su parte, Leticia Leobet Florentino, de Geledés en Brasil, recordó que los futuros debates sobre los ODS también deben abordar las causas estructurales de la desigualdad, como el racismo, el sexismo, los legados coloniales y la injusticia económica, que determinan quién tiene un lugar en la mesa de toma de decisiones.
Tres países, tres puntos de partida —el diseño institucional, el espacio cívico y la desigualdad estructural—, pero una misma conclusión: los datos y los mecanismos, por sí solos, no generan rendición de cuentas. Lo que convierte la participación en verdadera rendición de cuentas es que las realidades y las voces de las personas influyan efectivamente en las decisiones que se toman en su nombre.
¿Todavía queda alguien por convencer?
A lo largo de la jornada, una preocupación se repitió constantemente: no basta con invitar a las partes interesadas a participar en los procesos relacionados con los ODS; es necesario que esa participación tenga una influencia real sobre las decisiones.
Esta idea volvió a surgir durante un segundo debate sobre los mecanismos regionales de participación de la sociedad civil. Participantes de distintas regiones señalaron que, aunque los mecanismos de participación han mejorado durante la última década, la implicación sigue siendo desigual y con demasiada frecuencia se limita a la consulta, en lugar de avanzar hacia una auténtica cocreación.
Entre los desafíos comunes identificados en todas las regiones figuraron la reducción del espacio cívico, el acceso limitado de las organizaciones de base y de las comunidades marginadas, la insuficiencia de recursos para garantizar la participación, la debilidad de los mecanismos de rendición de cuentas y la falta de datos generados por las propias comunidades para orientar la toma de decisiones.
Al mismo tiempo, el debate puso de manifiesto que ya existen prácticas valiosas. Los foros regionales de la sociedad civil, el diálogo estructurado con las Comisiones Regionales de las Naciones Unidas, el monitoreo comunitario, los informes alternativos (shadow reports) y las redes regionales de incidencia política están ayudando a conectar las realidades locales con los espacios regionales y mundiales de formulación de políticas. Lo que estas prácticas necesitan ahora es ser fortalecidas, protegidas y financiadas, no reinventadas.
De la consulta a la influencia
Para Forus, este es un aspecto central para el futuro de la implementación de los ODS. La sociedad civil no debe ser invitada únicamente al final del proceso, cuando las prioridades ya han sido definidas. Debe participar desde el establecimiento de la agenda, la planificación, la implementación, el seguimiento y la evaluación. Este cambio es especialmente importante para las plataformas nacionales y las coaliciones regionales, que reúnen la diversidad de voces de la sociedad civil, conectan a las comunidades con quienes toman decisiones y ayudan a garantizar que los compromisos globales respondan a las realidades nacionales y locales.
Esta misma preocupación atraviesa el Laboratorio de Exámenes Nacionales Voluntarios (VNR Lab) del HLPF 2026, que se celebra hoy en Nueva York bajo el título «Más allá de la participación: una participación significativa de las partes interesadas en los Exámenes Nacionales Voluntarios para acelerar el progreso hacia 2030», organizado por UN DESA, la Fundación de las Naciones Unidas y el Mecanismo de Coordinación de los Grupos Principales y Otros Actores Interesados.
El VNR Lab ofrece un espacio oportuno para reflexionar sobre cómo ha evolucionado la participación de las partes interesadas en los Exámenes Nacionales Voluntarios durante la última década y hacia dónde debe avanzar. Con solo cuatro años por delante hasta 2030, la sesión analizará cómo unos procesos de ENV inclusivos y basados en evidencias pueden reforzar la transparencia, la rendición de cuentas y la implementación, mediante la participación de la juventud, los datos generados por la ciudadanía y el monitoreo liderado por las comunidades.
Forus celebra este enfoque. Los Exámenes Nacionales Voluntarios no deben considerarse únicamente ejercicios de presentación de informes. En su mejor versión, pueden abrir un espacio político para que gobiernos, sociedad civil, comunidades, juventud, actores locales y socios de las Naciones Unidas evalúen conjuntamente los avances, identifiquen brechas, fortalezcan la rendición de cuentas y mejoren la implementación.
Pero para ello es necesario ir más allá de una participación meramente simbólica.
Una participación significativa implica que la sociedad civil y las comunidades intervengan desde las primeras etapas para contribuir a definir las prioridades. Significa que la evidencia generada por las comunidades sea tomada en serio, que las recomendaciones tengan seguimiento, que los informes sirvan para corregir el rumbo cuando sea necesario y que el espacio cívico esté protegido para garantizar una participación libre, segura e independiente.
A medida que los debates del HLPF miran hacia la Cumbre de los ODS de 2027 y el tramo final de la Agenda 2030, este es el cambio verdaderamente necesario: pasar de la consulta a la influencia, de la presentación de informes a la rendición de cuentas y de la participación como principio a la participación como práctica.
Forus hace un llamamiento para que el espacio cívico y la participación de las partes interesadas sean reconocidos como condiciones esenciales para el desarrollo sostenible.
Esto implica institucionalizar la participación en los ámbitos local, nacional, regional y mundial; invertir en las condiciones que permitan a las comunidades participar de manera significativa; y garantizar que la sociedad civil, la juventud, los actores locales y las comunidades no sean tratados como simples observadores de la implementación, sino como socios para hacerla posible.
Los últimos años de la Agenda 2030 no pueden estar impulsados únicamente por la elaboración de informes. Deben aprovecharse para fortalecer los sistemas, las relaciones y los mecanismos de rendición de cuentas que hacen posible la implementación. Si el desarrollo sostenible quiere ser más inclusivo, más creíble y más eficaz, la participación debe trascender las salas de reunión e influir en las decisiones que configuran la vida de las personas.
Esta reflexión se basa en otros trabajos recientes de Forus. A principios de este año, la red publicó su informe sobre la Cooperación Sur-Sur y Triangular "Una cooperación que funciona", en el que se documenta cómo las organizaciones de la sociedad civil de distintas regiones están utilizando la cooperación Sur-Sur y triangular para reforzar la implementación de los ODS sobre el terreno. Paralelamente, el informe de Forus «Visión post-2030 de » expone lo que los miembros de la red consideran que debe defenderse, exigirse y rechazarse, ahora que la comunidad internacional mira hacia la siguiente fase de la Agenda 2030.